Incolora, inodora e insípida. Tradicionalmente, la unión de estos tres términos ha resuelto la fórmula para obtener un agua perfecta, de calidad, idónea para saciar nuestra sed. Sin embargo, hace ya tiempo que no basta con cumplir ese trío para estar a salvo de los riesgos que ese líquido entraña.

Los tratamientos que se realizan en las plantas depuradoras no son suficientes para garantizar niveles óptimos de seguridad y calidad del agua al llegar a nuestros grifos. Los motivos son varios, desde el uso de químicos en el tratamiento y su ineficacia para eliminar todos los virus y bacterias, hasta el estado de las canalizaciones. En el hipotético caso de realizarse un correcto tratamiento en origen, el agua se expone a sedimentos, fugas y demás factores que la contaminan con facilidad. Sólo un sistema de purificación instalado al final del recorrido puede garantizarnos la seguridad total que buscamos en nuestro hogar.

Esta preocupante realidad nos sitúa ante un serio dilema cotidiano, magníficamente recogido por El Diario Vasco el pasado 15 de mayo: ¿es mejor beber agua del grifo, tratada o no, u optar por la embotellada? En su texto, la periodista Tamara Izquierdo desgrana los pros y los contras de cada una de esas opciones. El resultado es verdaderamente sorprendente.

 

Botellas de agua. Un aliado engañoso.

A priori, puede parecer que recurrir al agua embotella es la alternativa más tranquilizadora. Tratada industrialmente, exhaustivamente depurada y con una presentación estética que elimina cualquier sospecha, la impresión inicial es que reúne todas las características deseables. Sin embargo, esta posibilidad presenta unos cuantos inconvenientes, y no precisamente dignos de pasar por alto.

De entrada, el más obvio es la ingente cantidad de plástico no reutilizable que se genera. A día de hoy, tras las emisiones tóxicas de industrias y coches, la acumulación de residuos plásticos es la mayor causa de preocupación no sólo entre los colectivos ecologistas, sino también entre administraciones y ciudadanos e, incluso, empresarios. Toneladas de plástico pueblan mares, ríos y tierras, y son responsables de la muerte de millones de animales y plantas cada año, con el consiguiente daño para los ecosistemas. Además, los propios procesos de fabricación del plástico son tremendamente nocivos (no olvidemos que el petróleo sigue siendo la base de su composición), los residuos tóxicos de esa producción y las emisiones que generan su transporte y distribución, son otras amenazas potenciales para el futuro del planeta.

Si la salud de nuestro mundo no acaba de inquietarte, quizá te preocupe más la tuya y la de tus seres queridos. Los envases de plástico, al degradarse, desprenden micropartículas que se mezclan con el agua y terminan en el organismo humano. Según expertos de la australiana Universidad de Newcastle, cada semana “bebemos” el plástico equivalente al de una tarjeta de crédito. Y eso, claro, sin contar con la incomodidad que supone proveerse frecuentemente de botellas o garrafas en los supermercados.

 

Grifos domésticos. Prácticos, cómodos… E inseguros.

Queda, pues, la alternativa de beber agua del grifo, pero ya ha quedado probado que su seguridad es más que dudosa. Con tantos microorganismos y químicos en ella, se antoja necesario tratarla de algún modo antes de asearnos y, por supuesto, beberla. Nadie quiere terminar postrado en la cama de un hospital, lidiando con la Legionela o con la E. coli, ¿verdad?

Así pues, ¿cómo tratarla?

En su reportaje, Tamara Izquierdo señala dos de las opciones más socorridas: los sistemas de osmosis inversa y las jarras depuradoras. Pero, pese a su popularidad, ninguno de ambos métodos está exento de defectos. En el caso de la osmosis, la gran lacra es su complejidad y alto precio; en el de las jarras, la alta frecuencia de sustitución de los filtros de carbón activo y malla de plástico, y la limitada efectividad de dicho sistema.

Un tercer método, es el de los filtros acoplables a los grifos domésticos. Pequeños y fáciles de manejar y sustituir, son, sin embargo, caros, poco duraderos y, a mayores, aptos para un único grifo por vez. Eso significa que, para cada uso que se haga del agua en un domicilio, habría que acoplar un filtro, lo que incrementa enormemente el gasto, aplicado, además, a una tecnología que, como la dos anteriores, tampoco garantiza agua totalmente segura.

La tecnología, una solución idónea

A la vista del escenario actual, es fácil pensar que la única opción es elegir la opción menos negativa. Por suerte, no es así.

Gracias al progreso tecnológico y a su puesta al servicio de las necesidades humanas, por fin ha sido posible desarrollar un método para tratar el agua del suministro y darle los niveles de seguridad, calidad y sostenibilidad que la población y el planeta se merecen. Y esa tecnología revolucionaria responde al nombre de ActivH₂O.

La solución que ActivH2O aporta al problema es total. Además de acabar con todos los sedimentos, elimina completamente los virus y bacterias del agua de red, haciendo 100% seguro el consumo de agua “kilómetro cero”. Sin duda, la opción más sostenible para el medio ambiente y tu bolsillo.

¿Quieres saber más sobre esta tecnología revolucionaria? ¡En nuestra web te explicamos su funcionamiento y cómo conseguirla!

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