5 bacterias que puedes encontrar en verano

Un rápido vistazo a cualquier termómetro basta para confirmar que una de las épocas del año más deseadas por millones de personas, el verano, ya se cierne sobre nosotros. Y, junto a él, se avecinan sus inseparables compañeros de vacaciones: el calor y la sed.

En los meses estivales el consumo de agua se dispara, precisamente, para compensar el gasto excesivo que se produce al sudar. Y aquellos que no queremos acumular más y más plástico en un planeta ya peligrosamente contaminado, en lugar de al agua embotellada, solemos recurrir a la del grifo, siempre a mano, más sostenible y, en apariencia, casi siempre limpia y segura. Pero… ¿Es esa percepción real? Por desgracia, no.

El agua de la red está repleta de bacterias que han escapado de las garras de las grandes plantas de tratamiento públicas. Invisibles, pero no por ello inexistentes, esos microorganismos son capaces de hacernos enfermar y de enviarnos al hospital, arruinando por completo nuestras vacaciones. De hecho, son responsables de buena parte de las infecciones gastrointestinales que padecemos por estas fechas.

He aquí cinco de las clases de “bichos” que con más frecuencia se atrincheran en el agua con la que nos aseamos, que usamos para lavar nuestra comida y con la que nos refrescamos:

  1. Helicobacter pylori. Puede que no sea de la más conocidas, pero sí está muy extendida, además de ser la única patógena. En torno a dos tercios de la población mundial están afectados por ella, algo comprensible si se considera que es muy difícil de detectar, excepto con exhaustivos análisis médicos. Sabiendo eso, no sorprende descubrir que la inmensa mayoría de las malas digestiones que padecemos son culpa de este molesto parásito. Digestiones que, en su expresión más extrema, pueden llegar a degenerar en úlceras duodenales y gástricas. ¿Las consecuencias? Migrañas, problemas circulatorios y, en el peor de los casos, trastornos cardiovasculares.
  2. Legionela. En contraposición a la anterior, posiblemente se trate de la causa de intoxicaciones más conocida. Los equipos de aire acondicionado, las duchas y grifos, y los nebulizadores de las terrazas son sus lugares preferidos. Desde ellos se propaga y contagia a los humanos, provocando complicaciones pulmonares, dificultades para respirar, fatiga, diarrea y dolores musculares.
  3. Listeria. Si la Legionela es la protagonista indiscutible en los titulares, la Listeria es uno de los microorganismos más peligrosos, y de efectos más violentos, de cuantos pueblan nuestra agua. No en vano, la tasa de mortalidad de esta bacteria oscila entre un 20% y un 30%, y se ha revelado inmune a las penicilinas naturales. Los síntomas pueden ir desde la fiebre y la diarrea en personas previamente sanas, hasta fiebre, dolores de cabeza y musculares, rigidez del cuello, convulsiones, confusión y pérdida de equilibrio en los grupos de riesgo.
  4. Escherichia coli. Otra de las grandes protagonistas de las intoxicaciones estivales. La E. coli forma parte de la flora intestinal de animales y humanos de forma normal; los problemas comienzan cuando se traslada a otras partes del organismo. En tales casos, puede degenerar en infecciones de las vías urinarias, meningitis y bacteremia. El colectivo más vulnerable es el de los niños, especialmente en la horquilla de 1 a 8 años.
  5. Campylobacter. ¡Que levante la mano quien no se las haya visto alguna vez con la temida gastroenteritis! Pocos lo habéis hecho, seguro. Esta enfermedad, tan escatológica como molesta, tiene una responsable fácil de identificar: la bacteria Campylobacter, causante de fiebre, temblores, diarrea, vómitos y, en definitiva, todos los síntomas asociables a la archiconocida gastroenteritis. Y aunque, por regla general, dicha dolencia tarda no más de una semana en desaparecer, en ocasiones puede degenerar en artritis y meningitis.

Puede parecer un escenario dramático, casi apocalíptico, pero… ¡Que no cunda el pánico! Por fortuna, existen métodos para acabar con estos microorganismos eficazmente y de forma segura, sin recurrir a químicos para ello. La naturaleza es perfecta, sólo hace falta tratarla del modo adecuado, y podrás vivir seguro sin virus ni bacterias por los que preocuparte.

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