5 trucos para alejar las infecciones de tu hogar

¿Cuál es la estancia menos higiénica de una casa promedio? Una pista: no es el baño. Y otra más: en ella suelen abundar las cacerolas, las sartenes, los cubiertos y otros utensilios similares. ¡Correcto! El lugar que acumula más virus y bacterias en los hogares es la cocina.

Desde hace años, las autoridades sanitarias vienen advirtiendo de la importancia de mantener en condiciones higiénicas ese espacio de la casa por el que no sólo deambulamos, sino en el que preparamos nuestras comidas a diario. De hecho, está confirmado que el mayor foco de infecciones alimenticias no son restaurantes o establecimientos externos, sino el propio domicilio. Y es que, en contra de lo que pueda parecer, pasar un paño húmedo por el fregadero y la encimera no basta para convertir tu cocina en un lugar seguro.

Además de ofrecerte agua 100% segura, en ActivHO queremos proporcionarte cinco sencillos trucos para incrementar esa seguridad y reducir el riesgo de contraer infecciones alimenticias. ¡Vamos con ellos!

  1. Lávate las manos antes de empezar a cocinar: parece una obviedad, pero sorprende lo a menudo que obviamos este punto. Aunque, a primera vista, nuestras manos parezcan limpias, el contacto diario con toda clase de superficies, objetos y, por qué no decirlo, también con otras personas las convierten en un criadero de bacterias. Esa contaminación pasa a los alimentos y superficies de nuestra cocina con una facilidad pasmosa. Lávate las manos en condiciones, utilizando para ello un buen jabón y un agua de calidad; eso hará que tu labor sea mucho más segura.
  2. Deja tu cocina como los chorros del oro: lo sabemos, es tedioso hacerlo, pero también una garantía extra para evitarnos males mayores. Fregadero, encimera y vitro o fuegos deben higienizarse en condiciones después de cocinar. No obstante, tampoco está de más pasar un paño limpio y húmedo por esas superficies antes de ponerse manos a la obra. ¿Qué por qué? La explicación es sencilla: en el tiempo transcurrido entre una sesión y otra puede haberse acumulado polvo, restos de comidas mal quitados u otros elementos que intoxiquen el lugar. De nuevo, el jabón y el agua de calidad son los aliados perfectos.
  3. El suelo, fundamental: la higiene de la cocina no debe limitarse únicamente a las superficies sobre las que manipulamos los alimentos, y no está de más dedicar un poco de atención a adecentar el firme que nos sostiene. Y no es por capricho, ni mucho menos. Uno de los grandes dramas de nuestro mundo es el masivo desperdicio de alimentos en perfecto estado. Y hay algo dramático en que, con 870 millones de personas padeciendo hambre, una manzana impoluta acabe en la basura sólo porque cayó sobre un suelo sucio. Por ello, tener el suelo como una patena nos ahorrará más de un disgusto.
  4. Cuida tus productos; se lo merecen: por extraño que parezca, no estamos tan acostumbrados como deberíamos a limpiar los alimentos que vamos a consumir o a cocinar. Obviamente, no se trata de pasar un filete fresco bajo el grifo, pero ninguna fruta, verdura u hortaliza debería librarse de un buen remojón. En este punto, cobra una importancia vital el usar un líquido de calidad, seguro y capaz de erradicar los posibles virus y bacterias presentes en los alimentos.
  5. Abre los brazos a los trapos desechables: con todo, el verdadero resort vacacional de las bacterias, virus y demás focos de intoxicación son los paños de cocina, las esponjas y los estropajos. Tales útiles están en frecuente contacto con superficies sucias, absorben grandes cantidades de líquido y se secan con dificultad. Y, al hacerlo, esos “visitantes” indeseables quedan agazapados en los tejidos, listos para contaminar espacios y alimentos en el siguiente uso. ¿Hay soluciones para ello? ¡Claro, y variadas! Desde sumergirlos frecuentemente en lejía (práctica que, aunque eficaz, implica utilizar sustancias químicas altamente nocivas) hasta cambiarlos cada pocos usos. No obstante, para simplificar tareas, recurre a trapos y a esponjas desechables, de materiales biodegradables y respetuosos con el medio ambiente. Son un poco más caros que sus homólogos habituales, pero tu salud y la del planeta lo agradecerán.

Ya ves que no es difícil evitar cambiar tu cocina, siempre hogareña, por la mucho menos acogedora sala de urgencias del hospital más cercano. Sólo tienes que seguir estos sencillos consejos, poner un poco de sentido común… ¡Y disfruta de la gastronomía!